Los peligros del ruido

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Llega el verano y con él la vida al aire libre, las fiestas, la música y, también, el ruido. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que no se debe exponer el oído a ambientes superiores a los 65 decibelios. Se considera peligroso para la audición llegar a los 120 decibelios, (propios de conciertos, discotecas, fiestas con pólvora…) y directamente daño auditivo irreversible cuando se sobrepasan los 130 decibelios. Si se produce esa situación, las células internas del oído quedan afectadas y se produce un zumbido y una pérdida de audición que pueden durar días, horas o incluso semanas. En casos extremos (una explosión, por ejemplo) el daño puede ser perenne.

Hasta ahí todo bien. Usuarios o no de audífonos, todos sabemos que el excesivo volumen es dañino y sus consecuencias graves. Por eso lo publicado por el profesor Gary Housley de la Universidad New South Wales de Sidney, Australia, ha causado tanta conmoción. Según su artículo de la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), la sordera reversible (pérdida momentánea de audición) que experimentamos ante alguna de las situaciones reseñadas arriba es un mecanismo de defensa de nuestro organismo ante las agresiones acústicas. Es una adaptación de la cóclea (estructura en espiral del oído interno) que libera hormonas para reducir temporalmente la sensibilidad auditiva.

Un reciente estudio publicado el año pasado por la revista americana Otology & Neurotology y dirigido por doctora del House Clinic y del House Research Institute, M. Jennifer Derebery, señalaba que el 72 por ciento de los adolescentes que acuden a un concierto de música pop experimentan una reducción en su capacidad auditiva.

Es decir, la sordera post-concierto es una señal de que nuestro cuerpo ha reaccionado adecuadamente y que está prevenido contra otras agresiones que se sucedan en un corto espacio de tiempo. No obstante, no todo es tan halagüeño, la misma investigación del profesor Housley confirma que el ruido constante puede conducir a un daño irreversible. Un trabajador de las pistas de un aeropuerto es un firme candidato a una sordera parcial o total si no tiene especial cuidado en proteger sus oídos de unas agresiones graves, diarias y prolongadas.

“Debido a que nuestra sensibilidad auditiva se adapta, podemos soportar un ruido fuerte, pero no podemos sentir la intensidad absoluta del sonido y, si superamos el límite seguro, dañaremos nuestra audición, a pesar de este mecanismo de adaptación protector que hemos descubierto», explica el profesor Housley.

 

Óscar Cabrera