Cuidar la audición es cuidar el cerebro

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Perdida auditiva y deterioro cognitivo
Perdida auditiva y deterioro cognitivo

La relación entre la pérdida auditiva y deterioro cognitivo fue uno de los asuntos que despertó mayor interés durante la última edición de More Than Hearing, el encuentro científico promovido por GN (Beltone) que reunió a especialistas nacionales e internacionales para compartir los avances más recientes en audiología, neurociencia y salud auditiva. Una de las conclusiones más relevantes fue tan sencilla como contundente: cuidar la audición también significa cuidar el cerebro.

Lejos de ser únicamente un problema para escuchar mejor o peor, la pérdida auditiva puede influir en la memoria, la atención, el lenguaje, las relaciones sociales y, en definitiva, en la salud cognitiva de las personas. Sin embargo, es que se trata de uno de los factores sobre los que sí podemos actuar.

La audición es una actividad constante para el cerebro

Escuchar parece un proceso automático, pero detrás de cada conversación se pone en marcha una extraordinaria red de conexiones neuronales. El cerebro identifica sonidos, interpreta palabras, reconoce voces, analiza el contexto, comprende el lenguaje y construye el significado de todo aquello que oímos.

Cada día, incluso sin ser conscientes de ello, nuestro cerebro realiza un enorme esfuerzo para procesar la información auditiva que recibe. Oír no es una función pasiva. Es una de las actividades cognitivas más complejas del organismo.

¿Qué ocurre cuando aparece una pérdida auditiva?

Cuando la información sonora deja de llegar con claridad, el cerebro tiene que compensar esa falta de estímulos.

En lugar de dedicar sus recursos a comprender una conversación, recordar información o elaborar respuestas, emplea buena parte de su capacidad en intentar completar las palabras que no ha conseguido escuchar correctamente.

Los especialistas denominan a este fenómeno carga cognitiva. Cuanto mayor es el esfuerzo necesario para entender lo que se oye, menos recursos quedan disponibles para otras funciones cognitivas.

La pérdida auditiva y deterioro cognitivo están relacionados

La investigación científica lleva años analizando la relación entre pérdida auditiva y deterioro cognitivo. Hoy existe un amplio consenso en que ambas situaciones mantienen una asociación significativa.

Uno de los mecanismos mejor conocidos responde a un principio muy sencillo, el cerebro necesita estimulación constante para mantener activas sus redes neuronales.

Cuando determinadas áreas relacionadas con el procesamiento auditivo reciben menos información durante largos periodos de tiempo, disminuye su actividad y su eficiencia. En otras palabras, el cerebro deja de ejercitar determinadas funciones porque ya no recibe los estímulos suficientes para hacerlo.

El impacto va más allá del oído

La pérdida auditiva no solo obliga al cerebro a trabajar más. También puede modificar la forma en la que las personas se relacionan con su entorno.

Es frecuente que quienes tienen dificultades para escuchar comiencen a evitar reuniones familiares, comidas con amigos o ambientes ruidosos donde seguir una conversación resulta complicado.

Ese aislamiento social reduce la estimulación intelectual y emocional que proporcionan las relaciones personales y constituye otro de los factores que la investigación asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo.

Lo que dice la evidencia científica

La Comisión Lancet sobre prevención, intervención y atención de la demencia sitúa la pérdida auditiva entre los principales factores de riesgo modificables relacionados con el deterioro cognitivo.

Esto significa que, a diferencia de otros factores sobre los que no podemos intervenir, la salud auditiva sí ofrece oportunidades de prevención.

Los estudios indican además que incluso pérdidas auditivas leves pueden asociarse con un mayor riesgo cuando no se detectan ni se tratan de forma temprana. Conviene recordar, no obstante, que estas investigaciones muestran asociaciones estadísticas y no implican que una pérdida auditiva conduzca necesariamente a desarrollar una demencia. Lo que sí ponen de manifiesto es la importancia de actuar cuanto antes.

La detección precoz cambia el pronóstico

Uno de los grandes retos sigue siendo el tiempo que transcurre hasta que muchas personas buscan ayuda.

Es habitual atribuir las primeras dificultades para escuchar a causas externas: «la televisión se oye peor», «la gente habla demasiado bajo» o «hay demasiado ruido». Sin embargo, retrasar la revisión auditiva significa prolongar una situación en la que el cerebro continúa realizando un sobreesfuerzo innecesario.

Detectar una pérdida auditiva en sus fases iniciales permite valorar las soluciones más adecuadas para cada persona y contribuir a mantener una buena calidad de vida, tanto desde el punto de vista auditivo como cognitivo.

More Than Hearing, ciencia al servicio de la salud auditiva

Precisamente con el objetivo de acercar la evidencia científica a los profesionales de la audiología y a la sociedad nació More Than Hearing, la iniciativa impulsada porGN (Beltone) que reúne a investigadores y expertos para analizar el papel de la audición en la salud integral de las personas.

Las conclusiones compartidas durante este encuentro ponen de manifiesto que la salud auditiva no puede entenderse de forma aislada. Está estrechamente vinculada con el bienestar emocional, la participación social y el funcionamiento del cerebro, consolidando un enfoque preventivo que cada vez cuenta con mayor respaldo científico.

Cuidar la audición también es cuidar el cerebro

La relación entre pérdida auditiva y deterioro cognitivo representa uno de los avances más relevantes de la investigación en envejecimiento saludable durante los últimos años.

Escuchar bien significa mantenerse conectado con las personas, participar en las conversaciones, estimular continuamente el cerebro y preservar la autonomía durante más tiempo.

Porque cuidar la audición no consiste únicamente en oír mejor. También significa proteger nuestra capacidad para comunicarnos, recordar, aprender y seguir disfrutando plenamente de la vida. La evidencia científica asegura la relación entre pérdida auditiva y deterioro cognitivo.

 

 

 

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