7 señales de pérdida auditiva que atribuimos a los demás

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7 señales de pérdida auditiva que no debes ignorar
7 señales de pérdida auditiva que no debes ignorar

“Últimamente la gente habla muy bajo”. “Los actores de las series ya no vocalizan”. “En este restaurante es imposible mantener una conversación”. “Será que hoy estoy cansado”. Hoy hablamos de 7 señales de pérdida auditiva que solemos atribuir a los demás.

Cuando empezamos a oír peor, no siempre somos conscientes de ello. La pérdida auditiva puede aparecer de forma gradual y el cerebro se adapta a los cambios. Por eso, antes de pensar que nuestra audición ha cambiado, es frecuente buscar explicaciones fuera.

Sin embargo, algunas situaciones aparentemente cotidianas pueden ser señales de pérdida auditiva que conviene no pasar por alto. Reconocer estos primeros síntomas de pérdida auditiva no significa asumir que existe necesariamente un problema, pero sí puede ser una buena razón para comprobar cómo estamos oyendo.

Estas son siete de las señales de pérdida auditiva más habituales.

1. Pensar que los demás hablan demasiado bajo

Es probablemente una de las situaciones más características. Escuchamos una voz, sabemos que alguien está hablando, pero tenemos la sensación de que no vocaliza correctamente o de que habla demasiado bajo.

La pérdida auditiva no siempre hace que dejemos de escuchar completamente una conversación. Puede provocar que determinadas partes del habla lleguen con menor claridad y que el cerebro tenga que utilizar el contexto para reconstruir lo que falta.

Por eso, una frase que antes comprendíamos automáticamente puede empezar a exigirnos más atención. Y como el cambio suele producirse progresivamente, resulta fácil pensar que son los demás quienes han empezado a hablar peor.

2. Subir cada vez más el volumen de la televisión

A veces son los demás quienes detectan antes nuestras primeras señales de pérdida auditiva. Puede ocurrir, por ejemplo, cuando alguien de la familia comenta repetidamente que el volumen del televisor está demasiado alto, mientras que para nosotros resulta perfectamente normal.

También es habitual tener dificultad para entender conversaciones o diálogos y percibir, sin embargo, perfectamente la música, los efectos sonoros u otros sonidos del programa.

Si cada vez necesitamos un volumen mayor o utilizamos los subtítulos porque nos cuesta comprender lo que dicen los personajes, merece la pena prestar atención a ese cambio.

3. Oír bien en casa, pero tener dificultades con el ruido de fondo

“Yo oigo perfectamente. El problema es que en este restaurante hay muchísimo ruido”. Puede ser cierto. Oír con ruido de fondo y comprender una conversación resulta más difícil para cualquiera. Pero cuando esta dificultad empieza a repetirse en restaurantes, celebraciones, reuniones familiares o lugares en los que hablan varias personas simultáneamente, puede constituir otra señal que conviene observar.

En una conversación tranquila entre dos personas existen muchas pistas que facilitan la comprensión. Cuando aparecen otras voces, música, ruido de platos o sonidos ambientales, el sistema auditivo tiene que separar la información relevante del resto.

Por eso es posible desenvolverse aparentemente bien en casa y empezar a descubrir los primeros problemas de audición precisamente cuando aumenta el ruido de fondo.

4. Pedir con frecuencia que nos repitan las cosas

“¿Qué?”. “¿Cómo?”. “¿Puedes repetirlo?”. Todos necesitamos que nos repitan algo alguna vez. La señal aparece cuando empieza a suceder con mayor frecuencia o cuando las personas de nuestro entorno comienzan a hacérnoslo notar.

También puede ocurrir algo más sutil. En lugar de pedir que repitan, intentamos adivinar lo que no hemos escuchado utilizando las palabras anteriores, el contexto o incluso la expresión de nuestro interlocutor.

El cerebro posee una extraordinaria capacidad para completar información. Esa capacidad puede hacer que durante bastante tiempo compensemos parcialmente una pérdida de audición sin ser plenamente conscientes de ella.

5. “Te oigo, pero no te entiendo”

Esta frase explica una de las grandes confusiones alrededor de la pérdida auditiva. Oír y entender no son exactamente lo mismo.

Una persona puede percibir que alguien está hablando y escuchar buena parte de su voz, pero perder algunos elementos fundamentales para distinguir unas palabras de otras. El resultado es esa sensación tan habitual de escuchar una conversación sin comprender con claridad todo lo que se está diciendo.

Por eso, una pérdida auditiva no tiene por qué sentirse simplemente como una bajada general del volumen. En ocasiones se manifiesta principalmente como una pérdida de claridad y dificultad para entender las conversaciones.

6. Terminar cansado después de escuchar durante mucho tiempo

Escuchar parece una actividad automática, pero nuestro cerebro realiza un trabajo extraordinariamente complejo para convertir los sonidos en información con significado.

Cuando la señal auditiva llega incompleta, ese trabajo puede aumentar. El cerebro intenta reconstruir palabras, interpretar frases y utilizar el contexto para rellenar aquello que no ha escuchado correctamente.

Este esfuerzo auditivo ayuda a entender por qué algunas personas pueden sentirse especialmente cansadas después de una reunión, una comida familiar o una conversación prolongada.

La llamada fatiga auditiva puede aparecer cuando seguir lo que dicen los demás exige una concentración constante. Si esta sensación se repite, especialmente en situaciones que antes no resultaban agotadoras, conviene prestarle atención.

7. Empezar a evitar determinados planes

Esta es una de las señales de pérdida auditiva que más fácilmente pueden pasar inadvertidas porque solemos encontrar razones perfectamente lógicas para justificarla.

“Ese restaurante tiene demasiado ruido”. “Hoy no me apetece ir a la comida”. “Con tanta gente hablando no me entero de nada”.

Cuando conversar empieza a exigir demasiado esfuerzo, algunas personas reducen progresivamente su participación en aquellas situaciones que les resultan más difíciles.

Y aquí los problemas de audición dejan de afectar exclusivamente a lo que escuchamos. Pueden empezar a interferir en cómo nos relacionamos con los demás, en las actividades que disfrutamos y en nuestra participación social.

Precisamente por eso es importante no normalizar estas situaciones cuando comienzan a repetirse.

¿Cómo saber si estoy perdiendo audición?

Reconocerse en una de estas situaciones de manera ocasional no significa necesariamente que exista una pérdida auditiva. El ruido, el cansancio, determinadas condiciones acústicas y otros muchos factores pueden dificultar puntualmente la comprensión.

La diferencia está muchas veces en la frecuencia y la evolución. Si necesitamos cada vez más volumen, pedimos que nos repitan las cosas con frecuencia, tenemos mayores dificultades para entender conversaciones con ruido de fondo o empezamos a evitar determinadas situaciones porque escuchar resulta agotador, una revisión auditiva puede ayudarnos a conocer qué está ocurriendo.

Comprobar nuestra audición tampoco significa que vayamos a necesitar automáticamente audífonos. El primer paso es conocer nuestro estado de salud auditiva y, si existe alguna dificultad, recibir la orientación adecuada de un profesional. Te recordamos aquí qué puedes esperar de una pérdida auditiva.

Detectar cuanto antes los primeros síntomas permite abordar las necesidades de cada persona antes de que las dificultades para comunicarse comiencen a condicionar de manera importante su día a día.

Porque quizá no sea que todo el mundo haya empezado a hablar más bajo. A veces, escuchar esas pequeñas señales es el primer paso para volver a escuchar mejor.

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