Sonidos que dan miedo

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Sonidos que dan miedo
Sonidos que dan miedo

Un crujido en mitad de la noche, unos pasos que no sabemos de dónde proceden o una puerta que se cierra inesperadamente. Hay sonidos capaces de ponernos en alerta antes incluso de que sepamos qué los ha provocado. ¿Por qué ocurre? La respuesta está en la estrecha relación entre el oído, el cerebro y nuestras emociones. Hoy hablamos de sonidos que dan miedo.

Imagina que estás en casa, leyendo tranquilamente, cuando escuchas un golpe en otra habitación. Dejas de prestar atención al libro, agudizas el oído y tratas de averiguar qué ha sucedido. Quizá solo haya sido una ventana cerrada de golpe por el viento, pero durante unos segundos has sentido inquietud.

¿Por qué nos ocurre esto? ¿Qué tienen determinados sonidos para provocarnos miedo o hacernos dar un respingo?

La explicación es fascinante. Nuestro oído no solo nos permite comunicarnos, disfrutar de la música o reconocer las voces de nuestros seres queridos. También funciona como un sistema de alerta que nos ayuda a detectar posibles peligros, incluso cuando no podemos verlos.

El oído, nuestro sistema de alarma
A diferencia de la vista, que depende de hacia dónde dirigimos la mirada, el oído nos proporciona información sobre todo lo que sucede a nuestro alrededor. Podemos escuchar un coche que se aproxima por detrás, reconocer unos pasos en el pasillo o advertir que alguien ha abierto una puerta sin necesidad de mirar.

Esta capacidad ha sido fundamental para la supervivencia humana. Desde nuestros antepasados más remotos, detectar un sonido inesperado podía significar la diferencia entre reaccionar a tiempo ante una amenaza o no hacerlo.

Y nuestro organismo conserva esa capacidad de respuesta. Cuando escuchamos un ruido repentino e intenso, podemos sobresaltarnos de manera automática. El cuerpo reacciona y el cerebro comienza a interpretar qué ha sucedido.

La ciencia conoce bien esta reacción, denominada respuesta de sobresalto. Se trata de un mecanismo de protección que compartimos con otros mamíferos y que ha sido estudiado por la neurociencia. Lo más curioso es que podemos reaccionar ante un sonido antes de saber exactamente qué lo ha producido.

¿Por qué algunos sonidos nos dan miedo y otros no?
Pensemos en dos situaciones. Estamos disfrutando de un espectáculo de fuegos artificiales. Las explosiones son intensas, pero sabemos que van a producirse y podemos disfrutarlas.

Ahora imaginemos que escuchamos un pequeño golpe en casa, de madrugada, cuando creemos que todo está en silencio.

Aunque el segundo sonido sea mucho menos intenso, puede inquietarnos bastante más.

¿Por qué? Porque el miedo no depende únicamente del volumen. También influyen las circunstancias, lo inesperado del ruido y nuestra capacidad para identificar de dónde procede.

Nuestro cerebro necesita dar sentido a lo que escuchamos. Cuando reconoce un sonido familiar, normalmente puede interpretarlo con facilidad. Pero cuando no sabe qué lo ha provocado, puede mantenernos alerta mientras busca una explicación.

Por eso, un crujido en una casa desconocida puede resultar más inquietante que el ruido habitual del tráfico de una gran ciudad.

Los sonidos también tienen memoria
¿Alguna vez has escuchado una canción que te ha transportado inmediatamente a un momento de tu infancia? ¿O una voz que te ha hecho recordar a alguien a quien hace mucho tiempo que no ves? Los sonidos tienen una extraordinaria capacidad para despertar recuerdos y emociones.

Y con el miedo sucede algo parecido. Si hemos vivido una experiencia desagradable asociada a un determinado ruido, podemos sentir inquietud cuando volvemos a escucharlo. Por ejemplo, una persona que haya sufrido un accidente de tráfico podría sobresaltarse al oír un frenazo.

Esto sucede porque nuestro cerebro aprende a relacionar determinados estímulos con experiencias anteriores. En ese proceso participan distintas regiones cerebrales, entre ellas la amígdala, que interviene en la detección de amenazas y en algunas respuestas defensivas.

Pero también ocurre lo contrario. Hay sonidos que nos transmiten seguridad y tranquilidad. La voz de alguien querido, la lluvia al otro lado de la ventana o los ruidos familiares de nuestro hogar pueden hacernos sentir bien. Al final, no todos escuchamos exactamente de la misma manera. Nuestra historia personal también influye en cómo interpretamos los sonidos.

El cine de terror sabe muy bien cómo funciona nuestro oído
Hay una forma muy sencilla de comprobar hasta qué punto los sonidos influyen en nuestras emociones, ver una escena de una película de terror sin sonido.

Una puerta que se abre lentamente, un pasillo vacío o una habitación oscura pueden resultar mucho menos inquietantes cuando desaparecen la música y los efectos sonoros. Los cineastas utilizan sonidos inesperados, respiraciones, pasos, cambios bruscos de volumen y melodías inquietantes para generar tensión.

En estas fechas, cuando las historias de miedo cobran especial protagonismo, merece la pena prestar atención a las bandas sonoras de las películas de terror. Descubriremos que, en muchas ocasiones, lo que más nos asusta no es lo que vemos, sino lo que escuchamos sin saber de dónde procede.

Y no es solo una impresión. Diversas investigaciones han estudiado cómo la música y los efectos sonoros pueden modificar las emociones que experimentamos al ver una película.

¿Y por qué también puede darnos miedo el silencio?
Aunque solemos relacionar el miedo con los ruidos inesperados, el silencio puede resultar igualmente inquietante en determinadas circunstancias.

Imagina que entras en una casa desconocida, completamente silenciosa. Al no escuchar los sonidos habituales que te ayudan a reconocer el entorno, puedes prestar más atención a cualquier pequeño ruido.

Un crujido del suelo, el viento contra una ventana o el zumbido de un electrodoméstico pueden adquirir entonces un protagonismo inesperado. No significa que el silencio provoque miedo por sí mismo. Lo que sucede es que, cuando nos sentimos inseguros o no sabemos qué está ocurriendo, prestamos especial atención a las señales que podrían ayudarnos a comprender la situación. Y ahí, una vez más, interviene nuestro oído.

Escuchar es mucho más que oír
La audición nos permite mantener conversaciones, disfrutar de la música, orientarnos y reconocer el mundo que nos rodea. Pero también participa en algo tan humano como nuestras emociones.

Un sonido puede hacernos sonreír, despertar un recuerdo, transmitirnos tranquilidad o ponernos en alerta. Su significado depende de lo que escuchamos, de nuestras experiencias y del momento en que se produce.

Por eso, cuidar nuestra salud auditiva significa también cuidar una parte esencial de nuestra relación con el entorno. En Beltone creemos que comprender cómo funciona nuestra audición es una buena manera de aprender a valorarla.

Y la próxima vez que un ruido inesperado te haga mirar hacia atrás, recuerda que tu oído y tu cerebro están trabajando juntos para interpretar lo que sucede a tu alrededor. A veces, incluso antes de que seas consciente de ello.

Fuentes científicas
– Koch, M. (1999). «The neurobiology of startle». Progress in Neurobiology.
– LeDoux, J. E. y Pine, D. S. (2016). «Using Neuroscience to Help Understand Fear and Anxiety: A Two-System Framework». American Journal of Psychiatry.
– Meinel, L. S. y Bullerjahn, C. (2022). «More horror due to specific music placement?». Psychology of Music.
Larina Sue Meinel, Claudia Bullerjahn, 2022
– Faure Carvallo, A., Calderón Garrido, D. y Gustems Carnicer, J. (2021). «Lo siniestro en el audiovisual: caracterizaciones sonoras». Miguel Hernández Communication Journal.

 

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