Los viajes en avión y los oídos de los niños

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Niños y viajes en avión.

Los viajes en avión y los oídos de los niños. Cuando llega el verano son muchas las personas que suben a un avión para desplazarse a sus lugares de vacaciones. Muchos de ellos van acompañados de sus hijos pequeños, lo que suscita muchas dudas acerca de cómo afecta al oído de los niños un viaje de estas características.

Todos hemos notado una sensación incómoda en nuestros oídos cuando viajamos en avión, especialmente en el despegue y el aterrizaje. Esta sensación, provocada por el cambio de presión en el espacio de aire que tenemos tras el tímpano, es absolutamente normal y los niños también la notan, por lo que pueden mostrarse algo más asustados o molestos.

Los viajes en avión y los oídos de los niños. Las trompas de Eustaquio son un conducto que va desde el oído medio a la parte posterior de la garganta. Son las encargadas de igualar la presión del aire entre el oído medio y el exterior, pero en el caso de los niños estos conductos son más estrechos, lo que dificulta esta labor. Si a ello le añadimos que los menores suelen tener mucosidad a menudo, el equilibrado de la presión puede resultar aún más complicado.

Este es el motivo por el que muchos bebés y niños pequeños lloran en el aterrizaje, cuando aumenta la presión del aire a medida que el avión se dispone a tomar tierra. Sin embargo, la situación solo dura unos minutos y no es preocupante, salvo que el niño sufra una infección de oído. En ese caso, los pediatras suelen recomendar a los padres que esperen unos días antes de viajar, por las molestias que puede ocasionar.

Para aliviar el dolor de oídos de los niños en el avión se les puede dar a beber agua de forma constante a lo largo del vuelo. La acción de tragar ayuda a que las trompas de Eustaquio de abran, aliviando las molestias.

Si el niño es mayor de tres o cuatro años, masticar chicle o chupar un caramelo, así como ayudarle a relajarse a través de respiraciones, puede resultar muy útil. Animar a los pequeños a bostezar, y mantenerlos despiertos en el despegue y el aterrizaje también ayuda, ya que el niño es probable que trague saliva más a menudo.

Siempre consultando antes a su pediatra, se le puede administrar al niño paracetamol o ibuprofeno, tanto antes del vuelo como después, si persisten las molestias. En cualquier caso, el especialista es el que mejor puede ayudarle a concretar las medidas más adecuadas para su hijo si va a viajar próximamente en avión.