Lengua de signos: las palabras en la palma de tu mano

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La lengua de signos o lengua de señas es un lenguaje de percepción visual mediante el cual las personas con dificultad para oír pueden comunicarse con su entorno, siempre que sus interlocutores lo conozcan. Esta lengua utiliza un canal gesto-viso-espacial, mientras que el lenguaje oral lo hace por un canal vocal-auditivo, pero ambas comparten un mismo fin: la posibilidad de expresar ideas y ser entendidos.

El origen de las lenguas de señas es tan antiguo como el del lenguaje oral, pero fue a principios del siglo XVII cuando Juan de Pablo Bonet publica “Reducción de las letras y Arte para enseñar a hablar los Mudos”, considerado como el primer tratado moderno de fonética y logopedia. En él se proponía el uso de señas alfabéticas o alfabeto manual para mejorar la comunicación con personas con dificultad para oír o hablar. Un siglo más tarde, Thomas Hopkins Gallaudet funda la primera escuela de EE.UU. para las personas sordas en Connecticut. Y los centros, poco a poco, fueron extendiéndose a nivel mundial.

No hay una lengua de signos universal, ni existe una para cada país. Las lenguas de señas, como ocurre con las orales, van evolucionando con el paso del tiempo y convirtiéndose en variedades diferentes, que pueden ser clasificadas en familias que difieren entre sí, tanto en el léxico como en la gramática. Sin embargo, sí existe un sistema de señas internacional que se puede considerar como una fórmula de comunicación formada por señas consensuadas y procedentes de diferentes lenguas, lo que equivale al esperanto de la lengua oral. Este sistema es utilizado por quienes no comparten una lengua de señas pero necesitan comunicarse sin la intermediación de un intérprete.

Por último, no hay que olvidar que hay personas, incluso oyentes, cuya lengua materna es la lengua de signos. Todos los estudios confirman que el proceso de adquisición lingüística de estas personas sigue etapas análogas a la adquisición de las lenguas orales.