Grupo GN España realiza su primer proyecto de cooperación internacional

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Grupo GN España realiza su primer proyecto de cooperación internacional. La multinacional, apoyada en la experiencia en cooperación internacional de la Fundación Cione Ruta de la Luz, ha practicado casi 400 revisiones auditivas en la ciudad marroquí de Dakhla (la antigua Villa Cisneros) y adaptado 82 audífonos que van a significar una nueva oportunidad en las vidas de sus beneficiarios.

Grupo GN España realiza su primer proyecto de cooperación internacional. Grupo GN España, apoyado en la experiencia en cooperación internacional de la Fundación Cione Ruta de la Luz ha emprendido en Dakhla la primera misión de cooperación internacional de su historia en materia de Audiología. Dakhla, la antigua Villa Cisneros, es una ciudad del Sahara Occidental que actualmente es la capital de la región administrativa de Marruecos Dakhla-Oued Ed-Dahab. Tiene una población de 106.277 y está situada en la estrecha Península de Río de Oro, en la Costa Atlántica, a unos 550 Kilómetros al sur de El Aaiún.

La situación sanitaria de la población es deficitaria. Allí existen dos hospitales, el civil y el militar, pero en este último no atienden a la población, mientras que en el que les corresponde, no hay especialistas en áreas de la salud como la Audiología. Después de una primera misión óptica allí, llevada a cabo en 2014, fue el óptico y audioprotesista navarro Pedro Duc quien recomendó una nueva acción de cooperación, pero en materia de Audiología, por el elevado número de casos de hipoacusias graves que había detectado en su relación con la contraparte con la que trabajaron: La Asociación de Discapacitados y Sordos de Dakhla.

“En este contexto, la población beneficiaria a la que nos hemos dirigido se encuentra desasistida. Sólo en contados casos encontramos pacientes diagnosticados y adaptados, que, por desgracia son un porcentaje insignificante”, valora Duc. Aunque la escolarización y la sanidad básica están al alcance de una gran mayoría, la Audiología ha sido accesible solo para la población beneficiada gracias al proyecto de Grupo GN y Ruta de la Luz. “En este sentido, el apoyo material, técnico y docente de Grupo GN ha sido clave en el éxito del proyecto”, valora Katerine Salazar, gerente de la Fundación Cione Ruta de la Luz. Todo el material necesario para las revisiones, los audífonos, el mantenimiento y la atención remota desde España ha sido donada al proyecto por Grupo GN.

La idea cuajó a mediados de 2015, y por fin, la misión despegaba sólo un día después de los atentados de París. Beatriz Camacho, audioprotesista puertollanera responsable de producto de Grupo GN viajó al Sahara para darle soporte técnico a la acción. En la misma expedición viajaron el propio Pedro Duc y Estefanía Adrover, audioprotesista también navarra.

El trabajo se ha desarrollado íntegramente en el centro de la Asociación de Discapacitados en Dakhla, en unas instalaciones magníficas, que contaban con los medios técnicos necesarios, “una condición necesaria para garantizar la eficacia de la ayuda”, explica Sandra Salobral, directora de Marketing de Grupo GN. Ninguna circunstancia externa logró interferir en el trabajo y entrega del equipo o de la contraparte. “Después de los atentados, lo han pasado peor nuestras familias que nosotros. En ningún momento nos sentimos condicionados o asustados”, coinciden los cooperantes.

Los beneficiarios de la acción fueron miembros de la Asociación de Discapacitados y Sordos que habían sido preseleccionados previamente por la contraparte para facilitar la labor de los profesionales españoles. En cinco días de trabajo intenso, en jornadas de doce horas, los audioprotesistas practicaron 362 revisiones auditivas. En total, los tres profesionales han adaptado 84 audífonos, un elevadísimo número de casos en tan pocos días. Las adaptaciones las ha llevado a cabo casi exclusivamente Beatriz Camacho, “de una manera especialmente eficaz”, valoran sus compañeros. Duc y Adrover se encargaron principalmente de practicar las otoscopias y las audiometrías a los pacientes. La empatía del equipo fue instantánea. “No podía haber encontrado mejores compañeros”, añade Camacho.

Previamente, Grupo GN y Ruta de la Luz habían pedido a la Asociación de Discapacitados que un miembro de su personal se hiciese cargo del mantenimiento posterior de los audífonos y ayudase a los cooperantes, para lo que se proporcionaría material y formación adecuada. “Delegaron el trabajo en una voluntaria de la Asociación de Sordos que nos acompañó de principio a fin en la misión audiológica que resultó ser una magnífica trabajadora y mejor persona. Al segundo día ya era capaz de manejarse con muchos aparatos”, describe Adrover.

Grupo GN va a asesorar tanto para la asistencia remota en el seguimiento de las adaptaciones de los 82 audífonos adaptados como en el suministro de pilas, sin los que la acción quedaría muy limitada. Será Beatriz Camacho, como responsable técnico de la misión, quien coordinará ambos aspectos.

La incidencia de las adaptaciones de los audífonos en la vida de sus usuarios ha sido notable, debido a la ausencia de atención audiológica que existe en la ciudad. Una niña empezó a cantar cuando oyó su voz por primera vez. “Desafinaba, pero era feliz, y a nosotros nos pareció que aquello era música celestial. Fue inolvidable la sonrisa inmensa de un joven con muletas que no podía estarse quieto y salía al jardín a contarles a todos que ahora oía cantar los pájaros”, recuerda Duc. Un pescador a quien no contrataba ningún barco porque no oía las advertencias e instrucciones de sus compañeros se fue el puerto a pedir trabajo de nuevo con sus audífonos. Una madre que escuchó llorar a su bebé por primera vez no quería quitarse los audífonos ni para dormir. Un chaval ahora va a poder sacarse el carné de conducir porque por fin podía escuchar las bocinas de los otros coches y conducir el taxi de su padre, y un adolescente de 15 años que, sin apenas audición, había aprobado todos los cursos, ahora podrá seguir las lecciones sin tener que leerle los labios al profesor. “Cuando la gente se echaba a llorar cuando les ponía el audífono, yo me preguntaba, ¿qué he hecho mal? Enseguida me di cuenta que lloraban de felicidad”, añade Beatriz Camacho.

No todos los casos fueron éxitos. “Las lágrimas de alegría de muchos beneficiarios se mezclaron con las nuestras al comprobar cómo nuestro trabajo puede cambiar tanto una vida sólo en unos segundos. Pero también compartimos las de impotencia ante los casos que no se podían tratar. Aun así, me sorprendió la entereza y la fortaleza de esas personas ante la adversidad. Vuelvo con una enorme paz interior, plena de tranquilidad espiritual. No quiero ni pensar que no podamos volver a seguir ayudando a estas personas en el futuro. Nuestra profesión adquirió allí una dimensión especial. Jamás se va a borrar de mi cabeza la gratitud que he percibido”, termina Estefanía.

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